El arquitecto e investigador Ángel Stive Castañeda, de la Universidad del Tolima, reflexiona en el Día Mundial del Hábitat sobre la expansión de la ciudad y el derecho a la vivienda.
Hoy se conmemora el Día Mundial del Hábitat bajo el lema «Vivienda adecuada para todos». Para Ángel Stive Castañeda, arquitecto, docente e investigador adscrito a la Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño e Infraestructura de la Universidad del Tolima, la fecha es una invitación a preguntarse qué significa realmente habitar y qué tipo de ciudad se construye cuando solo se suman viviendas.
Según ONU-Habitat, hasta 3.400 millones de personas en el mundo carecen de acceso a viviendas seguras y adecuadas. Para el docente, esa cifra tiene rostro: «Detrás hay familias que viven en riesgo, en hacinamiento, sin agua potable, y que no tienen certeza de que su casa seguirá en pie después de un simple aguacero».
Una ciudad más extensa, pero no más justa
Frente a esta realidad, Castañeda cuestiona la respuesta que han dado los profesionales: conjuntos cerrados, interminables y repetitivos, cada vez más lejos del centro. «Hemos confundido cantidad con calidad. Contamos con unidades entregadas, pero rara vez nos preguntamos qué ciudades estamos construyendo con ellas», afirma. En su análisis, el origen está en el suelo, que «debería ser la base de un derecho y hoy se trata como una mercancía»: la vivienda se ubica «donde la tierra es barata y no donde la vida es posible».
Por eso insiste en que una vivienda adecuada no se agota en sus muros. «Es lo que se vive dentro y fuera», explica: la calle, el andén, el parque, la tienda de la esquina. Cuando la vivienda le da la espalda a ese entorno, advierte, la ciudad se fragmenta y la comunidad se debilita.
Ibagué, señala, no es ajena a este fenómeno.
Durante décadas, buena parte de la vivienda de interés social se ubicó en los bordes urbanos, en sectores como El Salado y Picaleña, lejos del trabajo y de los servicios. A la vez, la valorización de las zonas consolidadas empuja a más familias hacia la periferia, donde muchas levantan su casa «ladrillo a ladrillo» en las riberas del Combeima, las quebradas y las laderas, con frecuencia en zonas de riesgo. «Hoy tenemos una ciudad más extensa, pero no necesariamente más justa. Sin espacio público, sin servicios, sin equipamientos de calidad, solo nos estamos expandiendo sin mucho sentido».
Aun así, el docente reconoce el esfuerzo de las familias que, sin el apoyo del Estado ni del mercado, han construido sus hogares poco a poco: «primero un cuarto, después un piso, después una ventana, después un local para poderse sostener». Esa suma de casas es la llamada ciudad informal, pero, a su juicio, también hace ciudad y forma ciudadanos. «Tenemos que aprender de este modelo, porque es el más próximo a nuestro contexto latinoamericano», sostiene, y lo resume en una idea: «Una casa no se entrega, se construye colectivamente con quienes la habitan».
Cuatro caminos
Para avanzar hacia una vivienda adecuada, el investigador propone:
* Fortalecer los barrios que ya existen, acompañándolos con espacio público, servicios, equipamientos, seguridad estructural y titulación de tierras.
* Promover viviendas diversas y progresivas, porque «las familias cambian y la vivienda es quien debe cambiar junto con ellas».
* Ubicar la vivienda cerca del trabajo, el transporte, las escuelas y los servicios de salud. «Es hacer la ciudad dentro de la ciudad».
* Devolverle la calle a la gente, entendiendo que las vías no son solo espacios para moverse, sino que hacen parte de la memoria de las personas.
Estas líneas, recuerda, van en la misma dirección de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Nueva Agenda Urbana, que reconocen la vivienda adecuada como un derecho y como objeto de planificación urbana.
El papel de la universidad
Para Castañeda, la academia tiene una responsabilidad de la que no puede escapar. «Debemos formar profesionales capaces de ver mucho más allá del lote, de la manzana, del metro cuadrado», afirma, y también de escuchar a las comunidades y diseñar con ellas, «porque diseñar vivienda es en el fondo diseñar territorios sostenibles, es diseñar vida».
Su mensaje para esta fecha lo resume en una frase: «El derecho a la vivienda es también el derecho a la ciudad».
