Un estudio de la Universidad del Tolima concluye que la ciudad solo compensa una mínima parte de sus emisiones y plantea medidas en movilidad, urbanismo y energía.
Una investigación desarrollada por docentes e investigadores de la Universidad del Tolima concluyó que Ibagué no tiene suficientes árboles para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero que produce su población.
Así lo concluye un estudio de investigadores adscritos a la institución, publicado en el libro ‘Estrategias para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los hogares de Ibagué’, que toma relevancia en medio del Día sin carro y sin moto de este miércoles.
El trabajo señala que la cobertura vegetal de la ciudad solo logra capturar cerca del 2,3 % de las emisiones anuales.
En términos absolutos, esto representa unas 4.000 toneladas de CO₂ frente a las cerca de 169.000 toneladas que generan los hogares cada año.
El análisis, desarrollado por el grupo de investigación PROECUP, integrado por Milena Segura, Erika Sierra Ramírez, Hernán Andrade y Diana Canal, con datos de 2020, estima además que cada hogar emite cerca de una tonelada de CO₂ al año y que cada habitante aporta en promedio 343 kilogramos.
Para compensar ese déficit, el estudio plantea que la ciudad necesitaría entre 400.000 y 1,2 millones de árboles adicionales, entre los que están el samán, el orejero, el caracolí, el cámbulo o el emblemático ocobo.
Recomendaciones
La movilidad urbana también aparece como un factor determinante.
Según los datos para el momento de la investigación, el 67 % de los ibaguereños se moviliza en transporte motorizado, mientras que solo el 1 % usa bicicleta y el 19 % se desplaza a pie.
Según la investigación, estos hábitos tienen un impacto directo en las emisiones. De hecho, quienes caminan le ahorran a la ciudad cerca de 14.000 toneladas de CO₂ al año, y quienes usan bicicleta evitan alrededor de 730 toneladas adicionales.
Para Hernán Jair Andrade, profesor titular del Departamento de Producción y Sanidad Vegetal de la Facultad de Ingeniería Agronómica de la UT, esto exige un cambio estructural en la forma en que se mueve la ciudad.
“Habría que trabajar con medios masivos, con medios alternativos que no sean motorizados, de modo que reduzcamos las emisiones de gases de efecto invernadero”, explicó.
En ese contexto, jornadas como el Día sin carro y sin moto generan una reducción temporal.
El cálculo del profesor indica que en un solo día se podrían evitar entre 35 y 50 toneladas de CO₂, dependiendo del comportamiento de la movilidad y del parque automotor.
Otras de las alternativas planteadas están en el aumento de zonas verdes en parques, separadores y conjuntos residenciales, así como en la implementación de techos verdes, jardines verticales y huertos urbanos.
También se propone fortalecer la infraestructura para peatones y ciclistas, con el fin de reducir la dependencia del transporte motorizado, uno de los principales generadores de emisiones.
El estudio incluye además un componente social. Solo el 38 % de los ciudadanos estaría dispuesto a pagar por compensar sus emisiones, con aportes que oscilan entre 20.000 y 170.000 pesos anuales por hogar.
“Todos somos corresponsables de esto y debería estar en las políticas nacionales, departamentales y municipales”, señaló.
Los resultados se basan en encuestas realizadas en diferentes comunas y estratos de la ciudad en 2020, junto con información de Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), y hacen parte de un libro publicado en 2025.
