Por: Laura Cristina Barbosa Cifuentes
La mañana de este viernes trajo un giro inesperado en la política estadounidense hacia Venezuela. El presidente Donald Trump anunció que ha decidido cancelar una prevista segunda ola de ataques militares contra Caracas, destacando que esta decisión responde a gestos recientes del gobierno venezolano, como la liberación de varios presos políticos. Según Trump, este acto fue “muy importante e inteligente” y sirvió como señal de disposición al diálogo.
“Ya no será necesario avanzar con los ataques planificados”, aseguró, aunque aclaró que las fuerzas navales estadounidenses seguirán presentes en la región como medida de seguridad y disuasión. La noticia generó sorpresa y alivio en algunos sectores de la comunidad internacional, mientras que expertos advierten que la situación sigue siendo sensible y requiere vigilancia.
Pero el anuncio no se limitó a lo militar. Trump informó que las principales compañías petroleras de Estados Unidos invertirán 100.000 millones de dólares en la infraestructura energética de Venezuela, en un intento de modernizar y fortalecer un sector clave para la economía del país sudamericano. Esta inversión, de concretarse, sería una de las más grandes en la historia petrolera venezolana y podría tener un impacto profundo en la producción y en la recuperación económica de la nación.
El mandatario indicó que en las próximas horas se reunirá con los directivos de las petroleras para avanzar en los detalles de esta iniciativa, que combina un giro hacia la cooperación económica con una desescalada militar.
Analistas señalan que esta doble estrategia —suspender la ofensiva y promover inversión— refleja un cambio significativo en la política exterior estadounidense, y subraya cómo las acciones de Caracas, aunque pequeñas, pueden generar consecuencias directas en la relación bilateral.
Mientras tanto, la región observa con atención este anuncio. Para Venezuela, representa una ventana de oportunidad para estabilizar su economía y mejorar su infraestructura, y para Estados Unidos, una manera de influir en la región sin recurrir a la confrontación directa.
Este anuncio muestra cómo la diplomacia y la economía pueden entrelazarse incluso en contextos de tensión histórica, y deja abierta la pregunta de cómo se desarrollará esta cooperación en los próximos meses.
