El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, confirmó que sostuvo una conversación directa con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para abordar la situación de seguridad en Groenlandia y el Ártico, una región que ha ganado peso estratégico en el escenario internacional y que se ha convertido en un punto clave para la defensa y la cooperación transatlántica.
El intercambio se produjo días después de que el mandatario estadounidense amenazara con imponer nuevos aranceles a ocho países europeos, una advertencia que elevó la tensión entre Washington y varios de sus aliados, no solo en el plano económico, sino también en el político y militar. Estas declaraciones han generado inquietud dentro de la Alianza Atlántica, en un momento en el que la unidad entre sus miembros resulta crucial frente a los desafíos globales.
“Seguiremos trabajando en esto y espero verlo en Davos a finales de esta semana”, señaló Rutte, al confirmar que el tema continuará en la agenda internacional durante el Foro Económico Mundial, donde se espera la participación de líderes políticos, económicos y militares de alto nivel.
Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, ocupa una posición estratégica fundamental para la OTAN debido a su ubicación entre América del Norte y Europa, así como por su cercanía a rutas aéreas y marítimas clave. A esto se suma el creciente interés por el Ártico, una región donde el deshielo ha abierto nuevas rutas comerciales y ha intensificado la competencia por recursos naturales, aumentando la necesidad de coordinación en materia de defensa y seguridad.
Desde la OTAN, la prioridad es garantizar la estabilidad regional, reforzar la presencia disuasiva y mantener una cooperación estrecha entre los países aliados, en un contexto internacional marcado por la rivalidad entre potencias y la redefinición de equilibrios geopolíticos.
El eventual encuentro entre Rutte y Trump en Davos podría ser determinante para reafirmar compromisos dentro de la Alianza, reducir tensiones derivadas de las disputas comerciales y avanzar en un diálogo que integre seguridad, diplomacia y economía, en un momento especialmente sensible para las relaciones entre Estados Unidos y Europa
