Los incendios forestales que arrasan el sur de Chile han dejado hasta ahora 15 personas fallecidas y han obligado a más de 50.000 habitantes a abandonar sus hogares, según informaron las autoridades. Las regiones más afectadas son Ñuble y Biobío, donde las llamas han consumido hectáreas de bosque, viviendas y cultivos, generando un panorama de devastación y miedo.
En las comunidades afectadas, la situación ha generado escenas de pánico y desesperación. Familias enteras huyeron durante la madrugada, cargando lo poco que pudieron rescatar, mientras el humo y el calor se mezclaban con el sonido de sirenas y explosiones controladas por los bomberos para evitar que el fuego se propagara. En algunos pueblos, como Penco, los vecinos relatan cómo el fuego avanzaba tan rápido que tuvieron que evacuar de inmediato, dejando atrás casas, animales y pertenencias.
El presidente Gabriel Boric declaró el estado de catástrofe en las regiones afectadas para movilizar todos los recursos disponibles y facilitar la acción de bomberos, brigadistas y las Fuerzas Armadas. “Todos los recursos están disponibles. La prioridad es proteger vidas humanas y contener el avance de los incendios”, afirmó.
A pesar del esfuerzo de los equipos de emergencia, la situación sigue siendo crítica. Las altas temperaturas, que superan los 35 °C, y los vientos fuertes dificultan las labores de contención. Bomberos y brigadistas trabajan sin descanso, enfrentando el calor, el humo y el riesgo constante de que el fuego avance de manera impredecible, mientras las familias permanecen en albergues temporales, con miedo y sin certeza sobre lo que quedará de sus hogares.
Organizaciones humanitarias y autoridades locales hacen un llamado a la solidaridad, al tiempo que advierten que las cifras de víctimas y evacuados podrían aumentar. En medio de la tragedia, muchos vecinos han encontrado apoyo en sus comunidades, compartiendo alimentos, agua y refugio, mientras esperan noticias sobre familiares y amigos atrapados por el fuego.
Este desastre natural se suma a la temporada más intensa de incendios forestales en años, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de las comunidades y la urgencia de acciones coordinadas para proteger vidas, hogares y ecosistemas en riesgo.
