Con una inversión histórica, obras de memoria y festivales, el departamento cerró el año consolidándose como uno de los territorios culturales más dinámicos del país
En 2025, la cultura dejó de ser un sector secundario para convertirse en motor social, económico y simbólico del Tolima, gracias a una apuesta institucional que fortaleció a los gestores, dinamizó el turismo y reivindicó la memoria colectiva.
“En el año 2025, la cultura se puso de moda en el departamento del Tolima. Más de 2.500 millones de pesos se ubicaron los gestores culturales en el gran Plan de Estímulos que desarrollamos a lo largo del año.” Así lo manifestó Alexander Castro Salcedo, secretario de Cultura y Turismo del Tolima, al hacer el balance de la vigencia.
La inversión permitió beneficiar a más de 630 gestores culturales en los distintos municipios del departamento, impulsando procesos artísticos, patrimoniales y comunitarios que hoy muestran resultados visibles en los territorios. Esta estrategia se articuló con acciones de identidad regional como Tolima Soy Yo y con el fortalecimiento de festivales y expresiones tradicionales.
Uno de los hitos más significativos del año fue la recuperación de la memoria histórica en Armero. “Se construyó la primera fase del Parque Jardín de la Vida, en Armero, después de 40 años”, señaló Castro Salcedo, destacando el valor simbólico de esta obra para las víctimas y para el departamento, al consolidarse como un espacio de reflexión, recuerdo y vida.
El impacto cultural también se reflejó en cifras económicas sin precedentes. “los festivales, que trajeron más de 2 millones de personas al departamento del Tolima, ocasionaron unos movimientos económicos por cerca de un billón de pesos.” Así lo manifestó Alexander Castro Salcedo, secretario de Cultura y Turismo del Tolima, al subrayar el papel de la cultura como dinamizadora del turismo y el comercio regional.
De esta manera, el Tolima cerró 2025 con un crecimiento cultural superior al promedio nacional y con una agenda que posicionó al departamento como referente en gestión cultural, demostrando que la inversión en arte, memoria e identidad no solo transforma territorios, sino que también impulsa desarrollo y bienestar.
