Durante todo el día en el Puente Internacional Simón Bolívar, uno de los pasos fronterizos entre Cúcuta (Colombia) y San Antonio del Táchira (Venezuela), decenas de familias colombianas se reunieron para exigir la liberación de sus seres queridos, detenidos en cárceles venezolanas desde hace entre 6 y 10 años.
Madres, hijos, esposos y hermanos llevaron fotografías, pancartas y mensajes de “¡Libertad!”, mientras compartían historias de dolor, incertidumbre y separación prolongada. Entre ellas, la de Sandra Castaño, quien sostuvo la foto de su hijo Brandon José, detenido desde hace más de seis años, recordando que incluso tras cumplir lo que consideraba su condena, sigue privado de su libertad. Para Sandra, el 6 de enero fue especialmente doloroso porque coincidió con el cumpleaños de su hijo, un día que pasó entre lágrimas y recuerdos de lo que ha perdido su familia.
Los manifestantes expresaron su frustración por la lentitud y falta de respuesta de las autoridades, y pidieron a los gobiernos de Colombia y Venezuela, así como a organismos internacionales, que intervengan de manera urgente. Muchos destacaron que una verdadera transición política en Venezuela podría abrir la puerta para que los detenidos regresen a sus hogares, abrazando nuevamente a sus familias después de años de separación.
El ambiente en el puente no fue solo de protesta, sino también de solidaridad y esperanza compartida. Familias completas se apoyaban unas a otras, compartiendo recuerdos y manteniendo la fe de que este clamor colectivo pueda traducirse en acciones concretas que pongan fin al sufrimiento de los colombianos detenidos injustamente.
Para estas familias, cada hora de espera es un recordatorio de la fragilidad de la vida y la fuerza del amor familiar, y su presencia en el Puente Simón Bolívar es un acto de resistencia pacífica y esperanza ante años de incertidumbre.
