El Guaviare volvió a vivir momentos de terror e incertidumbre tras los enfrentamientos entre las disidencias de las Farc conocidas como ‘Calarcá’ y ‘Mordisco’, que habrían dejado al menos 30 personas muertas en zonas rurales del departamento. Lo que para algunos habitantes era un día más en sus veredas se convirtió en una jornada de pánico, desplazamiento y desolación.
Vecinos relatan que los combates estallaron de manera sorpresiva, con disparos y explosiones que resonaban a kilómetros de distancia. Familias enteras huyeron de sus casas, dejando atrás cultivos y pertenencias, mientras buscaban refugio en lugares más seguros. “Corrimos con los niños y los abuelos por el monte. Todo se escuchaba tronar, no sabíamos dónde escondernos. Fue horrible”, contó una mujer de la vereda La Paz, aún con lágrimas en los ojos.
La Defensoría del Pueblo informó que ya desplegó equipos en el territorio para verificar los hechos y evaluar el impacto sobre la población civil. Su prioridad, según el organismo, es activar rutas de protección y asistencia para quienes resultaron afectados por la violencia, además de garantizar acceso seguro a alimentos, medicinas y atención médica.
El llamado de la Defensoría a los actores armados a respetar el Derecho Internacional Humanitario refleja la urgencia de proteger a quienes no tienen participación en el conflicto: niños, mujeres, adultos mayores y comunidades enteras que dependen de la tierra para sobrevivir.
Los habitantes de la zona describen un ambiente de miedo constante, con familias que permanecen escondidas y caminos bloqueados por la inseguridad. Muchos señalan que los combates entre estas disidencias se han intensificado en los últimos meses, y que la fragmentación de los grupos armados ha hecho que la violencia se propague sin control, afectando a quienes menos responsabilidad tienen en el conflicto.
En medio de esta situación, líderes locales y organizaciones humanitarias trabajan para llevar ayuda y tranquilidad, mientras los equipos de la Defensoría recopilan información sobre víctimas, heridos y desplazados. “Queremos que la gente sepa que no están solos, que alguien los acompaña y que se están tomando medidas para protegerlos”, aseguró un funcionario del organismo.
La crisis en Guaviare es un recordatorio del alto costo humano de los conflictos armados internos, donde la vida de civiles queda atrapada entre las disputas de grupos ilegales, y donde la esperanza y la resiliencia de las comunidades se enfrentan día a día al miedo y la incertidumbre.
